¿Cómo llega la sabiduría?
En la anterior publicación, “¿Qué es la sabiduría?”, se ha hablado sobre el significado de sabiduría. Ahora me gustaría indicar la forma de su valiosa llegada.
¿Recordáis esas veces que se os ocurre una idea brillante, una solución espontánea a una determinada circunstancia o una decisión clara e inequívoca? Es muy probable. En la universidad yo resolvía problemas de Análisis Matemático mientras corría, sin pensar en ellos. Cuando estaba atento a cada zancada, al ritmo, a la respiración, etc., venía la solución que antes se había resistido, por mucho que le había dado vueltas al ejercicio. Es decir, yo estaba en el ahora, en lo que realmente existía en ese momento.
¿Qué sucede en la mente para que de repente aparezca aquello que encaja a la perfección? ¿Se había pensado antes? No. Como mucho surge una vaga idea, que después se intenta asociar a lo conocido mediante pensamientos muy inconexos. Simplemente aparece y nosotros nos encargamos sólo de verla. En ese instante en que esa idea llega, se está en un estado de ausencia, de “no mente”, da igual el nombre, donde el interior está completamente silencioso. Aunque sólo sea un imperceptible microsegundo de silencio, es suficiente como para ver lo que se presenta.
La sabiduría es y llega como una idea brillante de mayor dimensión. Simplemente se ve en el interior con transparencia total. Uno se da cuenta del estado tan silencioso, calmado en el que la mente y el cuerpo se encuentran. Se puede estar en medio del bullicio callejero o disfrutando de un espectáculo, y al mismo tiempo ver una información tan maravillosa como intangible en nuestra mente. El exterior no afecta en absoluto. Es tal el silencio y la calma que hay en nosotros, que se siente en cada milímetro del cuerpo una paz indescriptibles. Es el equilibrio perfecto en todo nuestro ser.
Todo lo que existe tiene un estado de equilibrio y receptividad natural. Cuando uno es receptivo, lo es en cualquier parte, no importa el entorno.
La sabiduría fluye de un manantial que nos colma en los momentos menos esperados. Llega por sorpresa y es imposible conocer de antemano lo que va a venir. Lo que aparece va más allá de la comprensión que suele tener nuestra mente, la cual está emparejada superficialmente con lo cotidiano. Aunque si miramos con profundidad, lo cotidiano otorga también mucha sabiduría. Es el puente o la leña que nuestra cerilla de la atención enciende en un rojizo y bello horizonte. Sólo hay que tener interés y saber apreciarlo.
En función de lo que recibamos, puede verse y comprenderse en ese mismo instante o su integración puede prolongarse días, cuando es más extenso y complejo de asimilar. En este intervalo podemos ir captando paulatinamente diferentes partes de lo que nos comenzó a llegar.
Uno lo ve en la mente y comienza a calar literalmente en el cerebro. Se siente como se forma la visión, la comprensión, el sentido tan exacto que tiene. En esos instantes uno está mudo. Al principio no hay palabras que puedan expresar lo que se ve pero con el transcurso de los acontecimientos, poco a poco comienza a coger forma a través del lenguaje. Es muy raro que se pueda hablar de ello pero transcurrido un periodo indefinido (“horas”, “días”, “meses”, etc.), uno ha adquirido la habilidad de transmitir algo, no todo, pero si una gran parte.
Como ya indiqué, la sabiduría viene a través de un silencio profundo que existe en nuestro interior. No llega pensando ni a través de ningún medio externo. Surge totalmente del interior.
Una vez vi por encima un documental sobre unos monjes tibetanos y uno de ellos añadió algo así: “No es que no queramos contar lo que sabemos sino que no sabemos como contarlo”. En ese momento sonreí abiertamente porque así es, hay que verlo y vivirlo. Aún así, se pueden aportar cosas muy interesantes.
Feliz visión.
This entry was posted on Lunes, enero 14th, 2013 at 2:25 pm and is filed under Sabiduría. You can follow any responses to this entry through the RSS 2.0 feed. You can leave a response, or trackback from your own site.

