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Regalos que llegan con la sabiduría

RegalosSabiduría

Después de la introducción “¿Qué es la sabiduría?”, y “¿Cómo llega la sabiduría?”, me gustaría indicar los regalos que llegan con ella.

Todos ellos son una consecuencia y al mismo tiempo son una unidad completa, por lo que cuando nos llega uno inevitablemente viene el resto.

Voy a mencionar los más importantes y notorios: Vacío, energía, calma, felicidad y libertad. Ninguno es más importante que el resto y todos emergen de la misma fuente, nuestro interior más profundo y más olvidado. Ninguno viene de fuera aunque lo externo, como ya se mencionó en la anterior publicación, ayuda.

Voy a indicar brevemente algún detalle de cada uno de ellos:

1. Vacío.

Surge una sensación completa de “vacío” interno, en mente y cuerpo. Es muy placentero y crea una ligereza indescriptible. No es lo sentido cuando nos falta alguien, todo lo contrario, crea una plenitud y sensación de estar lleno de algo maravilloso. Viene como consecuencia de la desaparición de la densidad que crean los sucesos vividos. En el exterior se ve de forma muy sutil y es lo que algunas corrientes definen como “vacuidad”.

 2. Energía.

Somos energía. Eso es indiscutible. Sentirla ya es otro asunto. Con la sabiduría la sensación de estar llenos de ella va en aumento, no sólo en cantidad sino en potencia también.

 3. Calma.

Nuestras fieras se apaciguan. Llega un sosiego enorme, como si todo, fuera y dentro, se detuviese. No existe nada que nos la quite, aunque suceda algo incómodo. Si en un primer momento nos soliviantase, la calma no desaparece. Podemos muy bien estar inmersos en una situación incómoda y mientras o casi de forma instantánea, aflorar esta calma y olvidar por completo el suceso instantes después.

 4. Felicidad.

Si estamos vacíos de pasado, en calma y sentimos nuestro interior rebosante de energía, lo más lógico es tener felicidad. Así es. Produce una sensación de estar bien ubicado y conectado con lo más profundo de nostros. Da alegría, bienestar, placer, etc. de forma permanente. No se necesita nada de nada ni de nadie para estar así. Es un estado natural nuestro. Da igual donde estemos y lo que realicemos, se está feliz como un niño.

 5. Libertad.

Si somos felices , somos libres. El cuerpo comienza a sentirse más abierto por dentro y menos atado por las circunstancias. Éstas dejan de tener efecto sobre nosotros, en el interior y en el exterior. No existe ninguna crisis o desaparecen de forma casi instantánea.

Siempre que llega un regalo viene el resto. Son inseparables. Es todo gradual. A medida que aumenta la sabiduría, se produce un incremento de vacío, calma, energía, felicidad y libertad. Las sensaciones de ellos van aumentando proporcionalmente y no vuelven a disminuir porque son la firma de la evolución. Es hacia donde tiende todo lo existente, independiente del ritmo que lleve cada uno.

Por último, cada regalo alimenta a los otros porque cuando surge la sabiduría se incrementa el vacío, la energía, la calma, la felicidad y la libertad. Con más energía hay aumento del vacío, la calma, la felicidad y la libertad, etc.

Estos son los principales regalos que siempre llegan y forman lo que algunos llaman estar “aquí y ahora”. Van viniendo de forma gradual, a veces más intensamente y otras menos, pero jamás decrecen.

Sed felices.

¿Cómo llega la sabiduría?

En la anterior publicación, “¿Qué es la sabiduría?”, se ha hablado sobre el significado de sabiduría. Ahora me gustaría indicar la forma de su valiosa llegada.

¿Recordáis esas veces que se os ocurre una idea brillante, una solución espontánea a una determinada circunstancia o una decisión clara e inequívoca? Es muy probable. En la universidad yo resolvía problemas de Análisis Matemático mientras corría, sin pensar en ellos. Cuando estaba atento a cada zancada, al ritmo, a la respiración, etc., venía la solución que antes se había resistido, por mucho que le había dado vueltas al ejercicio. Es decir, yo estaba en el ahora, en lo que realmente existía en ese momento.

¿Qué sucede en la mente para que de repente aparezca aquello que encaja a la perfección? ¿Se había pensado antes? No. Como mucho surge una vaga idea, que después se intenta asociar a lo conocido mediante pensamientos muy inconexos. Simplemente aparece y nosotros nos encargamos sólo de verla. En ese instante en que esa idea llega, se está en un estado de ausencia, de “no mente”, da igual el nombre, donde el interior está completamente silencioso. Aunque sólo sea un imperceptible microsegundo de silencio, es suficiente como para ver lo que se presenta.

La sabiduría es y llega como una idea brillante de mayor dimensión. Simplemente se ve en el interior con transparencia total. Uno se da cuenta del estado tan silencioso, calmado en el que la mente y el cuerpo se encuentran. Se puede estar en medio del bullicio callejero o  disfrutando de un espectáculo, y al mismo tiempo ver una información tan maravillosa como intangible en nuestra mente. El exterior no afecta en absoluto. Es tal el silencio y la calma que hay en nosotros, que se siente en cada milímetro del cuerpo una paz indescriptibles. Es el equilibrio perfecto en todo nuestro ser.

Todo lo que existe tiene un estado de equilibrio y receptividad natural. Cuando uno es receptivo, lo es en cualquier parte, no importa el entorno.

La sabiduría fluye de un manantial que nos colma en los momentos menos esperados. Llega por sorpresa y es imposible conocer de antemano lo que va a venir. Lo que aparece va más allá de la comprensión que suele tener nuestra mente, la cual está emparejada superficialmente con lo cotidiano. Aunque si miramos con profundidad, lo cotidiano otorga también mucha sabiduría. Es el puente o la leña que nuestra cerilla de la atención enciende en un rojizo y bello horizonte.  Sólo hay que tener interés y saber apreciarlo.

En función de lo que recibamos, puede verse y comprenderse en ese mismo instante o su integración puede prolongarse días, cuando es más extenso y complejo de asimilar. En este intervalo podemos ir captando paulatinamente diferentes partes de lo que nos comenzó a llegar.

Uno lo ve en la mente y comienza a calar literalmente en el cerebro. Se siente como se forma la visión, la comprensión, el sentido tan exacto que tiene. En esos instantes uno está mudo. Al principio no hay palabras que puedan expresar lo que se ve pero con el transcurso de los acontecimientos, poco a poco comienza a coger forma a través del lenguaje. Es muy raro que se pueda hablar de ello pero transcurrido un periodo indefinido (“horas”, “días”, “meses”, etc.), uno ha adquirido la habilidad de transmitir algo, no todo, pero si una gran parte.

Como ya indiqué, la sabiduría viene a través de un silencio profundo que existe en nuestro interior. No llega pensando ni a través de ningún medio externo. Surge totalmente del interior.

Una vez vi por encima un documental sobre unos monjes tibetanos y uno de ellos añadió algo así: “No es que no queramos contar lo que sabemos sino que no sabemos como contarlo”. En ese momento sonreí abiertamente porque así es, hay que verlo y vivirlo. Aún así, se pueden aportar cosas muy interesantes.

Feliz visión.

 

 

¿Qué es la sabiduría?

Qué es sabiduría

Explicar lo que realmente es la sabiduría es un tema delicado. Voy a intentar aproximarme o al menos dar algunas pistas.

La Real Academia Española le otorga varios significados. Al final añade dos adjetivos calificativos a sabiduría. (http://lema.rae.es/drae/?val=Sabidur%C3%ADa).

La RAE relaciona la sabiduría con el conocimiento en el primer grupo de definiciones. Sólo después, cuando indica “sabiduría eterna, o sabiduría increada” es cuando realmente estamos por buen camino. La sabiduría es toda una, indefinible, aunque clara y concisa. Surge desde el interior, lo cual permite experimentar de forma directa y sin intermediarios, lo que en ese momento nos está ofreciendo.

En el instante en que aparece la sabiduría surge inseparable la experiencia de ella misma. Aunque sea algo profundo o “lejano”, se tiene la certeza de que es así. Se siente que ya se ha experimentado. Quien la vive puede mostrarla sin ningún intermediario, aunque muchas veces es tal su inmensidad, que es tarea colosal expresarla con palabras. Cuando indico intermediario es porque el conocimiento nos llega a través de un filtrado realizado por elementos externos –doctos en el tema, Internet, medios de comunicación, amigos que nos lo cuentan, etc. En general, suele ser gente que lo ha aprendido, pero rara vez lo ha visto, experimentado o ha sentido la maravillosa sensación liberadora que aparece cuando llega la sabiduría. Ella es liberación espontánea, no sólo de siglos de ignorancia sino también de bloqueos internos que de repente se sueltan y se siente uno literalmente “más ligero” a todos los niveles.

El conocimiento, aunque sea muy profundo, nos enseña, nos da herramientas fantásticas para la vida, pero no libera por si mismo. Puede ayudar a que surja el saber como un maestro puede orientar a su alumno. Es como mucho, la llave de la puerta de entrada a una casa inmensa y desconocida. Dentro ya no hay más llaves ni guías, sólo nosotros recorriéndola en solitario.

Como indiqué antes, la sabiduría surge del interior, es decir, nunca viene del exterior. El exterior nos orienta, nos da pistas, pero se manifiesta desde dentro y viene a posarse en nuestra mente, la cual es receptora. Cuando adquirimos conocimiento la mente está activa, es buscadora. Con la sabiduría está receptiva y calmada. Es un lago donde el agua duerme profundamente.

La sabiduría no sólo se encuentra en toda la amplitud que somos sino en todo el universo y más allá. Por ello, una planta puede tener más sabiduría que un hombre. Quizás cuando Newton descansaba, el manzano fue quien le quiso “echar una manzana” para ayudarle.

Para tener conocimiento son necesarias unas capacidades intelectuales. Para tener sabiduría simplemente hay que ser uno mismo. Además, no es una opinión particular ni surge ni surgirá de ninguna religión ni creencia. Éstas salen de un rinconcito de la mente del hombre, en un determinado nivel de conciencia. Son una opción más de las muchas que ofrece la vida. En cambio, la sabiduría es más pura que ninguna creación humana. Es sencilla, hermosa, muestra todo lo que realmente es interesante y está siempre feliz, porque es inseparable de la felicidad y de la libertad.

Lo más maravilloso de todo es que la sabiduría está disponible para todos, sin excepción.  Es un gran regalo de nuestro interior para nosotros y surge del mar de conciencia que también somos.

Feliz 2013.